La planta de Tesla en Shanghái registró su mejor junio de la historia, produciendo 93.579 vehículos eléctricos en ese mes, un incremento del 38 por ciento respecto a junio de 2025, según datos de la China Passenger Car Association publicados por Ars Technica. Sin embargo, esta cifra récord no se traduce en ventas robustas dentro del mercado chino: las ventas locales llevan más de un año cayendo trimestre tras trimestre, especialmente del Model 3.
Casi el 40 por ciento de los vehículos fabricados en junio se destinaron a exportación. En el segundo trimestre completo, más de la mitad —128.394 unidades— se enviaron a Europa, Canadá y otros mercados asiáticos, frente a las 126.157 vendidas en China. La factoría de Shanghái se beneficia de menores costes laborales que Alemania o Estados Unidos, componentes más baratos de proveedores locales y devoluciones fiscales del gobierno chino vinculadas a exportaciones, lo que la convierte en un activo extremadamente valioso en un momento en que los márgenes de beneficio de Tesla se reducen.
Separación en marcha pese a su rentabilidad
A pesar de esta importancia crítica, Tesla podría estar contemplando un futuro sin China. The Wall Street Journal informó la semana pasada que algunos ejecutivos de Tesla habían recibido el encargo de separar las partes china y no china de la compañía, aunque Tesla negó oficialmente estos preparativos. La firma ha trabajado para reducir su dependencia china en los coches vendidos en Estados Unidos, su mayor mercado: nuevas regulaciones estadounidenses prohíben software de vehículos conectados con vínculos chinos desde el año modelo 2027, y hardware similar desde 2030.
Tesla ya no importa coches fabricados en China para vender en territorio estadounidense y ha colaborado con proveedores norteamericanos para garantizar que los componentes adquiridos no tengan origen chino no deseado. No obstante, las restricciones comerciales no son la razón principal de este posible divorcio.
La fusión con SpaceX como objetivo estratégico
El verdadero motor sería el deseo de fusionarse con SpaceX. Como detalló Ars a principios del verano, el índice S&P 500 rechazó una petición de Elon Musk —CEO de Tesla y SpaceX— para flexibilizar las normas y permitir la entrada de la compañía de cohetes, que requieren cuatro trimestres consecutivos rentables. Tesla ingresó al S&P 500 a finales de 2020; si SpaceX se fusionara con ella, la empresa espacial accedería indirectamente a inversores pasivos que el índice le había vetado. Ambas compañías acumulan caídas del 25 por ciento en lo que va de año, aunque el año de SpaceX comenzó con su salida a bolsa en junio.
Una fusión de este tipo podría ser bloqueada por el gobierno estadounidense por motivos de seguridad nacional, dados los contratos militares multimillonarios entre SpaceX y el Pentágono por un lado, y las operaciones chinas de Tesla por otro. Matar a la gallina de los huevos de oro no tiene sentido desde la perspectiva de una empresa que quiere vender más coches de forma rentable. Pero Tesla, insiste su CEO, ya no es una empresa de automóviles.
