La NASA y la startup Katalyst Space Technologies han confirmado el abandono de la misión destinada a rescatar el observatorio de rayos gamma Neil Gehrels Swift antes de que caiga de órbita. El satélite de rescate Link, lanzado el 3 de julio, debía capturar a Swift con tres brazos robóticos y elevar su altitud orbital para evitar su reingreso inminente, según informa Ars Technica.
Katalyst ha anunciado que «problemas persistentes de control de actitud» impiden que Link complete su misión. Dos de las tres ruedas de reacción del satélite —cruciales para su orientación— dejaron de funcionar a finales de julio, provocando que la nave perdiera el control de giro mientras viajaba a casi 8 kilómetros por segundo. Los propulsores de plasma de bajo impulso, únicos sistemas operativos restantes, resultaron insuficientes para recuperar la estabilidad necesaria.
Un calendario extremadamente apretado
La NASA otorgó a Katalyst un contrato de 30 millones de dólares hace menos de un año para diseñar, construir y lanzar Link en apenas nueve meses, una fracción del tiempo habitual para misiones de esta complejidad. El administrador de la agencia espacial, Jared Isaacman, declaró: «La NASA debe estar dispuesta a moverse rápidamente y asumir riesgos inteligentes cuando el rendimiento potencial lo justifique, y eso es exactamente lo que hicimos con esta misión». Todo parecía funcionar bien durante las primeras semanas en órbita, hasta que el fallo crítico dejó al satélite sin capacidad de maniobra precisa.
Katalyst aún intentará extraer valor técnico de la misión, posiblemente demostrando su sistema de navegación cercana si consigue acercarse lo suficiente a Swift. La CEO de Katalyst, Ghonhee Lee, afirmó que el equipo ya ha aprendido lecciones valiosas: «Ahora nuestro trabajo es convertir esos aprendizajes en algo duradero, construyendo un manual de operaciones repetible para informar futuras misiones de encuentro, proximidad y servicio satelital».
El fin de un observatorio histórico
Sin la misión de rescate, Swift reingresará a la atmósfera terrestre más tarde este año, poniendo fin a casi 22 años de operaciones. El observatorio, que costó 500 millones de dólares, superó ampliamente su vida útil de diseño de dos años y sigue siendo fundamental para detectar y estudiar estallidos de rayos gamma, las explosiones más poderosas del universo conocido. Su combinación única de instrumentos multiespectrales y apuntado ágil permite localizar estas explosiones para observaciones de seguimiento por otros telescopios.
El problema reside en que Swift carece de propulsores para mantener su órbita de forma autónoma. Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de la NASA, lamentó el desenlace pero subrayó el valor del esfuerzo: «Todos esperábamos más ciencia de Swift, pero sabíamos que las lecciones de esta misión serían valiosas de cualquier manera, y hemos ganado mucho».
Katalyst forma parte de un ecosistema creciente de empresas estadounidenses dedicadas al servicio satelital, un sector que eventualmente podría reabastecer, reparar o mejorar satélites en órbita. Las tecnologías de encuentro y brazos robóticos desarrolladas para Link representan capacidades cruciales para futuras misiones de este tipo, y la NASA espera que los conocimientos obtenidos fortalezcan la industria espacial del país.
